La Biblia Era Argentina, No Americana
Cuando la mayoría de los emprendedores tech latinoamericanos devoran casos de estudio de Y Combinator o copian playbooks de Silicon Valley, Nicolas Rojas tenía otro evangelio: los dos casos de Harvard Business Review sobre Globant. No era una lectura ocasional. Era mandatorio para todo su equipo en Imagine Apps, la software factory que fundó a los 17 años.
Yo estaba obsesionadísimo con Globant. Esa era mi Biblia. Yo tenía el primero, se lo hacía leer a todo el mundo, que era desde que lanzaron la compañía hasta la IPO. Decía: este es el playbook, eso es lo que hay que hacer.
— Nicolas Rojas
Rojas no quería tropicalizar un modelo gringo. Quería replicar la máquina argentina de consolidación de talento que Martín Migoya y Guibert Englebienne habían construido. La visión era clara: crear el Globant colombiano. El problema fue que con 20 y tantos años, cero experiencia levantando capital y ningún network en venture capital, la ejecución fue otro cantar.
Pero esa obsesión con un referente regional, no estadounidense, marcó su ADN como builder. Mientras otros buscaban validación en Palo Alto, Rojas estudiaba cómo una compañía nacida en Buenos Aires había dominado el mundo del software. Esa tensión entre la ambición global y la ejecución local definiría toda su carrera.
El Papá Empleado Que Programó a Un Emprendedor
Nicolas Rojas no viene de una familia de empresarios. Su papá y su mamá siempre fueron empleados. Nunca tuvo un tío con startup exitosa ni un abuelo que hubiera fundado nada. Lo que sí tuvo fue un padre obsesionado con Padre Rico, Padre Pobre que le metió en la cabeza, desde los 5 años, que ser empleado toda la vida no era opción.
El detalle irónico: su papá nunca dejó de ser empleado. Pero eso no le impidió programarle el cerebro a su hijo para que buscara independencia financiera a toda costa. Rojas lo dice sin rodeos: sus papás fueron padres jóvenes, la vida los llevó por otro camino, pero su padre decidió experimentar el emprendimiento a través de él.
Mi papá desde su posición de ser un muy buen trabajador, muy responsable, la persona más disciplinada que conozco y más enfocada y trabajadora que conozco, creo que me pudo programar desde muy pequeño y lo decía así suelto, como, por eso es que eventualmente no deberías ser empleado, sino tienes que buscar tener tu propio, tus propios ingresos, ser independiente.
— Nicolas Rojas
Esa programación temprana explica por qué a los 13 años, cuando un conocido le pidió hacer una página web y le ofreció pagarle, Rojas no vio un proyecto escolar. Vio un negocio. Aprendió Dreamweaver y Flash desde cero, hizo su primer menú de navegación con animaciones y cobró. Mientras sus amigos jugaban Call of Duty (él también, para ser justos), Rojas descubrió que podía monetizar su tiempo de forma distinta.
Su padre lo acompañaba en bus a Villa de Leyva a venderle software a hoteles. El señor, que no sabía nada de tecnología, le decía que sí a todo: animaciones 3D, logos interactivos, lo que el cliente pidiera. Nicolas, con 14 años, lo miraba incrédulo. Pero ahí aprendió a vender: diciendo que sí primero, resolviendo después.
Cuando El Azar Te Pone En La Clase Equivocada (O Correcta)
Nicolas Rojas nunca eligió programación. El día que los estudiantes de su colegio escogían electivas, él faltó. Sus amigos se inscribieron en Relaciones Internacionales, la opción cool. A Rojas le tocó la que nadie quería: programación. La clase de los "ultra geeks de anime del colegio".
Ese accidente de calendario cambió todo. Le enseñaron HTML básico, nada del otro mundo. Pero cuando ese conocido le pidió hacer una página web y le ofreció dinero, Rojas ya tenía el vocabulario mínimo para lanzarse. No sabía hacerlo bien, pero sabía suficiente para aprender lo que faltaba.
No creo que pueda responder por qué yo, pero sí puedo responder por qué el universo me puso en la posición para aprovechar esa oportunidad.
— Nicolas Rojas
Esa honestidad sobre el rol del azar es rara en el discurso de los fundadores tech. Rojas no romantiza la narrativa. Reconoce que hubo suerte. Pero también señala lo que sí controló: forzarse a hacer proyectos cada vez más complejos, decirle que sí a clientes aunque no supiera cómo resolver el problema, iterar sin parar.
A los 17, creó Imagine Apps formalmente porque no podía firmar contratos. No fue por ambición de ser CEO, sino por pragmatismo: necesitaba una entidad legal para facturar sin que su papá tuviera que firmar todo. Entre 2012 y 2022, Imagine Apps creció a casi 100 empleados, facturó bien y le dio experiencia en decenas de proyectos de software. Pero Rojas nunca dejó de sentir que estaba compitiendo en un negocio de commodity.
DAPTA: Dejar De Ser El Consultor Y Vender La Herramienta
Después de una década construyendo software para otros, Rojas estaba cansado de un modelo: ser el que implementa, el que da consultoría, el que cobra por hora. Quería invertir los roles. Quería ser el que hace la herramienta y le cobra a un consultor externo para que la implemente.
Esta vez no quería ser el que implementaba, el que daba consultoría. Esta vez yo quería ser el que hacía una muy buena herramienta, que después le pagabas a alguien más para que te hiciera una consultoría para cómo usar la herramienta.
— Nicolas Rojas
DAPTA nació como proyecto de innovación interna en Imagine Apps. La tesis era simple: construir la plataforma que permite crear agentes de IA más rápido para usuarios no técnicos, enfocados en casos de uso de ventas y go-to-market. Rojas ya se había demostrado a sí mismo que podía construir productos globales con muy poco. Imagine Apps había sido esa escuela. Ahora quería producto, no servicios.
En algún punto, tuvo que tomar una decisión: ¿levantar venture capital y sacar DAPTA como empresa separada, o apagarla y seguir con la software factory? Decidió la primera. Levantó $5.4 millones, la última ronda solo con inversionistas estratégicos en Estados Unidos. Hoy DAPTA tiene alrededor de 50,000 usuarios, operando principalmente para clientes en EE.UU. pero con presencia fuerte en Latam.
Se mudó a Arizona para liderar la estrategia desde allá. Su ventaja competitiva no es solo el producto. Es su capacidad de generar interés masivo en redes sociales (TikTok, Instagram, YouTube, Twitch) y canalizarlo hacia DAPTA. El contenido no es un side hustle: es parte del GTM. Rojas hace streaming, publica decenas de videos al mes, construye marca personal como distribución. Es un founder que entiende que en 2024, el awareness se compra con constancia en cámara, no solo con paid ads.
El Playbook Que Nunca Ejecutaste (Y Por Qué Funcionó Igual)
Rojas admite sin filtro que falló en ejecutar el playbook de Globant. No consolidó mercado comprando compañías, no levantó capital temprano, no escaló con el modelo de Migoya. Pero ese fracaso en replicar a Globant lo obligó a inventar su propio modelo: hacer productos internos en Imagine Apps, validarlos con clientes reales, y cuando uno tenía tracción, sacarlo como spin-off con cap table limpio.
Fallé completamente en la ejecución. O sea, yo miraba todo, tratabas, era mi guía, pero fallé completamente en la ejecución.
— Nicolas Rojas
Esa capacidad de pivotar sin ego, de reconocer cuando un plan A no funciona y construir un plan B desde los aprendizajes, es lo que distingue a Rojas de otros fundadores que se aferran a una visión original aunque el mercado les diga lo contrario. DAPTA no es Globant. Es mejor: es una compañía que nació sabiendo que el futuro no es vender horas de desarrolladores, sino vender herramientas para que cualquier persona sin conocimiento técnico pueda automatizar ventas con IA.
Rojas sigue siendo el niño que vendía páginas web. Pero ahora vende agentes de inteligencia artificial a empresas en Estados Unidos, con capital de VCs estratégicos y una comunidad de decenas de miles de usuarios que lo descubrieron en TikTok. No replicó a Globant. Construyó algo distinto, más suyo, más de esta década.
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