La idea que no cayó del cielo
Julian Nunez esperaba su momento Isaac Newton. Estaba convencido de que la idea correcta le caería en la cabeza como una manzana, un rayo de inspiración divina que justificaría dejar Rappi después de cinco años. Pero cuando confrontó a unos amigos emprendedores sobre el origen mitológico de su startup, la respuesta lo desarmó: "hicimos una lista y elegimos la mejor". Nada de storytelling romántico. Nada de epifanías.
Entonces Nunez, desanimado, haciendo downsizing en su equipo de e-commerce en plena caída del boom pandémico, hizo lo mismo. Un viernes a las 10 de la mañana, sin poder levantarse de la cama, scrolleando Twitter, encontró un tweet de Angela Strange de Andreessen Horowitz: "We have a new program, EIR, no idea needed". Llenó el Google Form. Dos días después estaba hablando con Gabriel Vázquez.
La primera idea de la lista era un marketplace de carne. Gabriel lo miró como si estuviera loco. La segunda, muebles. "B2C no, ahorita B2C se está fundiendo", le cortó Vázquez. Más abajo estaba algo relacionado con cripto que ni él mismo entendía. Y al final: "un agregador de métodos de pago y procesadores". Eso le sonó a Gabriel. Eso era Yuno.
Yo toda mi vida en Rappi tuve la idea de salir a emprender. Alguna vez me fui a hacer invernaderos inteligentes. Pusimos tomates y construimos sensores con Arduinos. Llegó la pandemia, no nos dejaban entrar al pueblo, se murieron todos los tomates y afortunadamente no salió porque era una muy mala idea.
— Julian Nunez
Declinaciones del 40% y cientos de personas apagando incendios
La génesis de Yuno no está en una ambición global inicial. Está en las oficinas de Rappi, cuando la app crecía 20-30% semanal y nadie tenía tiempo para preguntarse por qué el procesador declinaba 30-40% de las transacciones. El problema no era prioritario hasta que Rappi abrió México. El procesador colombiano no existía allá. Tuvieron que conectar otro. Brasil, lo mismo. Argentina, Chile, idéntico. Cada país, un proveedor distinto, reglas distintas, tasas de aprobación mediocres.
La solución táctica fue conectar más proveedores y mandar las transacciones declinadas a un segundo, un tercero. Subía un poco la aprobación, pero la complejidad explotaba. Después llegaron los métodos alternativos: Pix en Brasil, PSE en Colombia, wallets, buy now pay later. Cada integración nueva significaba más infraestructura, más reportes que reconciliar manualmente, más superficie de ataque para fraude.
En algún momento, Rappi tenía cientos de personas en el equipo de pagos. Y Nunez, desde finanzas, intentaba cerrar estados diarios y descubría que lo que vendían no coincidía con lo que les depositaban. Ahí conoció a Juan Pablo Ortega, su futuro cofundador, que estaba en México construyendo la infraestructura de pagos país por país.
Recuerdo que una noche regresando hacia Bogotá, yo iba como copiloto y actualizaba el dashboard de Yuno. Era un domingo y era la cuarta semana seguida que cerrábamos flat en el número de transacciones y yo decía: no, no puede ser. Hoy en día procesamos mil veces más que en ese momento, pero ahí la angustia era brutal.
— Julian Nunez
Paga con Rappi: el experimento que fracasó y enseñó todo
Antes de Yuno, Nunez lideró Paga con Rappi, un one-click checkout al estilo Amazon, Fast o Bold. La lógica era sencilla: Rappi guardaba millones de tarjetas, ¿por qué no permitirles a esos usuarios pagar en cualquier sitio con un solo clic? Para los comercios, el logo de Rappi en el checkout, conversiones más altas, fricción cero.
El producto se desarrolló. Se vendió. Empezó a crecer. Pero las objeciones eran brutales. Las aerolíneas pagaban 0.8% a sus procesadores; Rappi cobraba 2%. ¿Quién absorbía el fraude? Las integraciones tomaban 12 meses, cuando en Rappi todo debía pasar en una semana. Los comercios no sabían cómo manejar dos archivos de conciliación, uno del procesador tradicional y otro de Rappi.
Paga con Rappi se lanzó en Colombia y México. Nunca cogió tracción. Se cerró. Pero todos esos aprendizajes —pricing competitivo, antifraude, velocidad de integración, conciliaciones unificadas— se convirtieron en los pilares de Yuno.
Nos decían: me encanta, yo lo puedo integrar a usted en 12 meses, cuando mi equipo de tecnología termine estas otras cosas. Y yo pensaba por dentro: usted me integra en 12 meses y yo en 12 meses estoy muerto. En Rappi, en una semana o vuelo.
— Julian Nunez
Mandar al carajo a Andreessen Horowitz (y volver al día siguiente)
Gabriel Vázquez le dio dos semanas para investigar cripto y el agregador de pagos. Nunez estaba en medio del downsizing más difícil de su vida en Rappi. No habló con nadie. No avanzó nada. Cuando llegó el día de la reunión, le dijo a Gabriel: "no es el momento, hablemos en 6 meses, chao". Y colgó.
Por la tarde entró en shock. Acababa de rechazar a Andreessen Horowitz. Esa noche aterrizó Yuno en cuatro páginas escritas a mano: la idea, la visión a 10 años, el modelo. El 99% de lo que escribió ese día es lo que existe hoy.
Al día siguiente viajaba a México. Juan Pablo Ortega, su amigo de Rappi, lo llamó justo ese día —algo raro, porque nunca hablaban seguido. Ortega tenía una idea para hacer en Rappi Bank. Nunez le contó Yuno. Era para hacerla fuera de Rappi. Ortega se subió.
No hay muchos emprendedores, empresas en Latam que hayan salido a construir un producto global. Es muy raro. Abrir ese camino creo que es retador y estamos viviendo ese reto. Te diría que más que una ambición inicial de construir esto, la necesidad nos llevó allá. Fue más pull del mercado.
— Julian Nunez
La autopista del dinero con todas las vías posibles
Yuno no es un procesador. Es un puente tecnológico que conecta a cualquier empresa con cualquier proveedor del ecosistema de pagos global: procesadores, métodos alternativos, herramientas antifraude, todo. La empresa no tiene que construir infraestructura, ni reconciliar múltiples reportes, ni negociar con 15 proveedores en 8 países. Se conecta a Yuno y se olvida.
Hoy procesan decenas de miles de millones de dólares. Mil veces más que en aquel domingo de angustia cuando el dashboard marcaba flat por cuarta semana consecutiva. La necesidad los empujó a ser globales, no la ambición. Cada empresa que enfrentaba el mismo caos que Rappi validaba la tesis.
Nunez estudió economía para ser ministro de Hacienda. Terminó construyendo la autopista del dinero para Latam y el mundo. Tiene un estudio de grabación en su casa. Casi se dedica a los tomates inteligentes. Armó una lista en una hoja de cálculo y eligió la idea que menos storytelling tenía. Esa resultó ser la correcta.
Debería haber como una única infraestructura que conectara a las empresas con todo el ecosistema de pagos, métodos de pagos, procesadores, herramientas antifraude, todo, y que las empresas no se tengan que enfocar en construir esto, sino en construir lo que están llamadas a hacer, a su negocio, a darle valor a sus clientes. Eso es lo que hace Yuno.
— Julian Nunez
Related Insights
Lucas Vargas on Building Nomad: Why a VIP Lounge Beats a Business Model
Lucas Vargas
Kate Syuma on Why Product Quality Kills More PLG than Bad Tactics
Kate Syuma
Casey Winters on Why Marketplace Founders Play the Wrong Game Early On
Casey Winters
Por qué los equipos de growth en LATAM ignoran el manual de Silicon Valley